viernes, 3 de abril de 2009

Electrizante.


Obedeciendo a un impulso, la rodeó con ambos brazos. Ella se le apretó sin la menor reserva, dejó que la estrechara e incluso descansó la cabeza en su hombro. Luego, lo abrazó también y ambos quedaron enlazados. El pelo de ella le rozó la mejilla, las manos le oprimieron la espalda, el cuerpo se ajustó al suyo transmitiéndole su calor, su aroma. Aquel abrazo tuvo la condición electrizante de una nueva experiencia esperada durante mucho tiempo. Tenía la impresión de haber deseado aquello mucho antes... Y, desde luego, había sido así, aunque no hubiera sabido hasta el momento de verla que ella era la persona a quien había deseado durante muchos años.

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